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Mujeres indígenas del Perú: a la vanguardia en la defensa de sus territorios y prevención del VIH

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3 de septiembre de 2021

Desde hace 15 años, la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (FENMUCARINAP), se articula en torno a la defensa de dos territorios: sus cuerpos y sus tierras.

“Nosotras, en nuestras comunidades, estamos luchando por la soberanía alimentaria porque las abuelas indígenas nos han inculcado el lema ‘defiende la tierra, el agua y la semilla con tu vida’, pero no nos enseñaron a defender nuestro cuerpo, que también es nuestro territorio. Eso hicimos en este proyecto con ONUSIDA”, dice Lourdes Huanca, presidenta de la FENMUCARINAP.

Para las mujeres de las zonas rurales del Perú, la capacitación es una necesidad apremiante, pues enfrentan altos índices de analfabetismo, deserción escolar, mortalidad materna, explotación laboral y violencia de género. El problema se ha agudizado producto de las medidas de confinamiento por el COVID-19, en el que esta red de mujeres sigue prestando apoyo a mujeres y hombre indígenas que requieren atención, sobre todo, en el uso de métodos anticonceptivos y en la prevención del VIH.

 

Tejiendo redes digitales

Es así que la “FENMU”, como llaman ellas cariñosamente a su organización, tuvo su proyecto entre los 31 primeros ganadores de fundos semilla de la Convocatoria 2020 de ONUSIDA para Organizaciones de Base Comunitaria que trabajan en VIH en América Latina y el Caribe, en contexto de la COVID-19.

A través del proyecto “Mujeres indígenas, nativas y campesinas de los pueblos indígenas u originarios de las 24 bases de la FENMUCARINAP, empoderadas contra toda forma de discriminación para enfrentar el avance del COVID-19 y del VIH y sida”, Después de cinco meses de emergencia sanitaria por el COVID-19, el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud (Minsa) del Perú reveló que se han registrado más de 21 mil casos de indígenas afectados por la pandemia. Según este reporte, Loreto fue la región más golpeada en estos primeros meses, con más de 10 mil casos; seguida de Ucayali y Amazonas, ambas con más de 5 mil enfermos cada una.

Más de 600 mujeres de las comunidades y pueblos indígenas Quechua, Aymara, Ashaninka, Kukama Kukamiria, Challaguita, Mashco Piro, Awajun, Mochica y Chancaahora fueron capacitadas en el uso de herramientas virtuales (como las plataformas Zoom yTeams, entre otras) recibiendo además formación en derechos humanos, violencia de género y no discriminación por COVID-19 y el VIH. Entre ellas, 113 recibieron apoyo con datos para acceder a internet.

Los más de 10 encuentros fueron realizados de la mano del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables de Perú y ONUSIDA, con el objetivo de conformar nuevas redes de ayuda en alianza con autoridades y organizaciones sociales, continuar sus intervenciones y activar la presión pública.

 

Construyendo la prevención ante el VIH

“En nuestras comunidades no se usa el condón. Nuestra realidad es que quienes más se resisten a usar un preservativo son los varones y quienes se ven más perjudicadas somos nosotras las mujeres”, declara Gladys Campos Chirado, representante de la Región Macro Norte de la FEMUCARINAP. “Muchas personas ni siquiera saben de la existencia del VIH, y la prevalencia es alta en muchos pueblos. Pero acá no llegan las campañas médicas.”

En Perú, según el estudio de prevalencia realizado por el Ministerio de Salud en 2018, la prevalencia de la infección por VIH en los pueblos indígenas fue de 0.34%, alcanzando hasta 1.8% en algunas etnias. La infección por sífilis fue la ITS más frecuente, con una prevalencia del 1.55%, llegando a casi 4% en algunos pueblos.

Para Aurora Coronado de la Región Junín, estos aprendizajes del proyecto apoyado por ONUSIDA han cambiado su manera de pensar y su actitud para tratar a las personas con VIH. “En la selva no se habla del VIH, y hay cada día más personas con el virus. Y el conocimiento se transmite. Ahora le hablamos con el corazón a los jóvenes con VIH y muchos ahora se están cuidando y tomando su tratamiento”, comenta.

Para Aurora Tenazoa, representante de la macrozona oriente, la FENMUCARINAP le ha ayudado a hacer consejería dentro de su comunidad. “Vendo comida, soy cocinera y tengo un cliente que su familia sabe que tiene VIH, pero él no lo quiere hacer saber en la comunidad. Antes de los talleres yo no lo quería atender, porque tenía miedo de que a través del tacto nos pudiera transmitir y gracias a las capacitaciones que hemos tenido, he aprendido mucho para no discriminarlo y hacerlo sentir querido”, admite.

La organización de mujeres ha sido una ayuda fundamental para superar las dificultades que ha traído consigo la pandemia por COVID-19 en contextos rurales. “En una comunidad puede haber personas con VIH, que a su vez pueden estar luchando por su tierra y territorio, defendiendo su soberanía alimentaria. Y a veces han postergado el tratamiento del VIH por priorizar la defensa de la tierra”, dice Ángela Benavides sobre los principios básicos del trabajo comunitario en la FENMUCARINAP.

Para estas mujeres indígenas y campesinas de Perú, su tierra y su cuerpo se funden en un único territorio. Un territorio que deben defender y cultivar con toda su fuerza, uniendo también a sus comunidades en la lucha constante por la conquista del trabajo, la salud y los derechos.