“No quiero que COVID-19 me mate, pero tengo hambre y no sé cómo haré para seguir tomando mis antirretrovirales para el VIH”

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Michela y Luis viven en Tegucigalpa, Honduras. Están tratando de sobrevivir con lo que gana Luis vendiendo agua embotellada y dulces en medio de las medidas de distanciamiento social obligatorio por la pandemia de COVID-19. “Vivo con VIH desde que nací. Tengo 29 años, tengo un hijo de 9 y vivo con mi pareja que también vive con VIH. Estamos quedados todos, de manos tomadas. Yo no trabajo, cuido a mi hijo. Estamos viendo acá cómo hacemos. No tengo comida para todos los días”, cuenta Michela. Desesperados por la situación, recurren al Movimiento de Mujeres Positivas de América Latina y del Caribe (MLCM+) para solicitar ayuda.

Marcela Alcina, referente del MLCM+ en Buenos Aires, Argentina, recibe diariamente más de 20 llamadas de auxilio de personas con realidades similares a la de Michela y Luis desde el inicio de la pandemia. En su mayoría relacionadas con la falta de medicamentos, comida y contención. A pesar de utilizar todos sus recursos de activismo social para responder y asistir las solicitudes que llegan, las necesidades generadas por la pandemia son extremas y la sobrepasaban.

Así es como nace la Estrategia de Voluntariado de las Américas en tiempos de COVID-19. Una iniciativa puesta en marcha por Marcela y sus compañeras del MLCM+ con el apoyo de la oficina de ONUSIDA para el Cono Sur, que a la fecha está presente en 17 países de la región, con 850 voluntarios y voluntarias, y más de 3000 solicitudes de ayuda. 

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¿Como se están alimentando estos días?

“Desde el Movimiento de Mujeres nos avisan: ´hay una bolsita de alimentos´ y vamos a buscarla. Pero nada es seguro. Lo que hacemos es no tomar desayuno. Almorzamos y luego merendamos. Acá en Honduras la cuarentena es por el número en que termina la cédula. 1 y 2, lunes, 3 y 4 martes, y así. Sábado y Domingo no se sale. Sólo una vez a la semana. No se puede salir a trabajar. Mi marido trata de vender agua, y ahí él logra traer un poco de dinero los miércoles que es el día que le toca salir, pero no alcanza. Estamos pasando hambre. 300 a 400 lempiras (12 USD), dependiendo de cómo esté el día”, contesta Michela.

 

¿Has recibido alguna comunicación sobre tus medicamentos antirretrovirales?

“No. Nadie más me ha ayudado. Medicamentos tengo, fui al hospital y me dieron para dos meses. Me toca ir el primero de junio, pero no sé si podré ir. Eso me da mucha angustia y no sé cómo hacerlo. No me puedo quedar sin medicamentos, pero nadie nos dice nada. Estoy asustada porque somos personas vulnerables. En lo económico no hay entradas. Es desesperante”.

Otra solicitante de ayuda es Yesenia, colombiana de nacimiento, pero vivió por más de 24 años en Venezuela y debido a la crisis humanitaria que se vive en ese país, tuvo que retornar a Colombia hace 6 meses para poder acceder a su tratamiento para el VIH.

Ella no tiene trabajo y necesita ayuda para alimentar a su familia y para trasladarse a retirar medicamentos antirretrovirales. “Los niños no aguantan el hambre igual que uno que es adulto”, dice Yesenia. Por fortuna, logró conectar con Yani Valencia de la Organización Lila Mujeres de la red del MLCM+, quienes le asistieron con una canasta de comida para ella y su familia, y están coordinando juntas a alguien que busque sus antirretrovirales. “Cuando trajeron ese mercado pensé que me iba a dar algo, me dio mucha alegría”, comentó Yesenia. Esto es lo que pasa cuando se tejen redes y se interconectan voluntades solidarias.

Con respecto al tratamiento para el VIH, la OMS recomienda una dispensación de varios meses de suministro de medicamentos antirretrovirales para las personas que viven con VIH, recomendación que se hace más relevante durante la pandemia de COVID-19. Los servicios de VIH deben adoptar el sistema de recetas para varios meses (MMP por sus siglas en inglés) y la dispensación para varios meses (MMD por sus siglas en inglés) para las personas que viven con el VIH y que son estables con el tratamiento antirretroviral.

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“Tengo 6 meses de haber regresado a Cali para estar de nuevo en una crisis. Lo que siempre me ha preocupado más es tomar mis antirretrovirales, pero en Colombia aún no tengo acceso a la salud”, cuenta Yesenia. “A mi pareja y a mí que vivimos con VIH, nos ha afectado mucho; mis hijos están sin empleo, mi esposo también. Estamos desesperados. Es bastante deprimente y frustrante para nosotros”, finaliza.

 

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¿Qué sugerencia tendrías para los tomadores de decisiones? ¿Cuál puede ser una solución específica para poder enfrentar esta pandemia?

“Si tuviera la posibilidad de hablar con algún político, le diría que pensaran más en las personas humildes y enfermas que estamos pasando situaciones muy difíciles. No nos han dado alimentos. La solución sería tomar acciones con relación a la salud. En Colombia aún existe el VIH, el VIH no se ha acabado. Sobre todo, como mujeres. Acá hay toque de queda en la noche para que la gente no esté en las calles. Hay personas que salen por necesidad, porque no tienen qué comer. Es muy difícil decirle a alguien que no salga de su casa cuando no tiene qué comer”.

¿Cuántas personas viven en tu casa?

“Somos ocho: cuatro hijos, mi esposo, dos nietos y yo. Vivimos en una casa pequeña. No es cómoda. Uno de mis hijos está durmiendo en un colchón en el suelo, mi hija con sus dos hijos en un cuarto, y yo con mis otros dos hijos y mi esposo. Cuando da el sol es un horno esta casa. El alcantarillado está malísimo y eso también es un problema diario. No quiero que el COVID- 19 me mate, pero tengo hambre y no sé cómo haré para seguir tomando mis antirretrovirales para el VIH”.

Necesidades de las comunidades

Según la última encuesta que realizó ONUSIDA para América Latina y el Caribe sobre las necesidades comunitarias de las personas que viven con VIH ante la pandemia de COVID-19, sólo 1 de cada diez personas (6-11%) manifiestan tener provisión de ARV por los próximos 3 meses. Además, sólo el 27% de las 1245 personas que respondieron a la encuesta manifestaron tener suficiente equipo de protección como mascarillas, guantes, jabón, frente al 73% que reconoce no tenerlo.

Soluciones desde las comunidades: estrategia de voluntariado

El Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Mujeres Positivas (MLCM+) se conecta con la comunidad a través de un formulario en línea que ha permitido recibir más de 3.000 casos de personas reales que están necesitando apoyo de todo tipo.

“Una compañera de El Salvador estaba colgada al internet de su vecino para poder trabajar ayudando con nosotras, pero así mismo ella necesita ayuda. No tiene internet en su casa, ni comida”, cuenta Marcela Alsina.

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Así han articulado mediante su red a toda una fuerza de voluntariado que busca que este momento difícil que atraviesa el mundo y la región, se llene de solidaridad. En especial con las personas que viven con VIH, que deben ser parte de las respuestas globales y nacionales ante COVID-19, en línea con los compromisos asumidos por los países con la Agenda 2030 de Naciones Unidas de “no dejar a nadie atrás”.

“Nos hemos encontrado con personas que viven con VIH que no tienen comida, que han vivido en estos días de cuarentena un hambre profunda. Que no tienen acceso a consultas médicas. Una compañera en Colombia consiguió una moto con un vecino para poder ir a repartir los medicamentos. Pero muchas veces vemos que no se pone a las comunidades en el centro y debemos ser parte de las respuestas. Así, no pudimos esperar. Tenemos que actuar”, comenta Alcina.

¿Qué están haciendo en concreto?

“Estamos dando comida, artículos de limpieza, haciendo mascarillas para repartir, medicamentos antirretrovirales, métodos de cuidado, condones, traslados en situaciones de violencia de genero. Pensamos que este movimiento, el Voluntariado de las Américas, es parte de una solución para llegar donde nadie más ha podido llegar”, pero se necesita más apoyo.

En Argentina y Paraguay el MLCM+, ha articulado con ONUSIDA, ONU Mujeres y UNFPA, quienes de manera interagencial están brindando apoyo técnico y financiero. En Brasil, articularon con ONUSIDA y la UNESCO. ONUSIDA Regional para América Latina y el Caribe también aporta apoyo técnico y financiero. Es necesario extender esta estrategia a más países con socios Regionales y Nacionales.

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“ONUSIDA nos apoya con recursos, con sus técnicos, con seminarios de capacitación online; UNESCO con aportes en dinero, y así vamos armando un rompecabezas que no busca sustituir la respuesta del Estado, sino que apoyar sus acciones. Pero necesitamos se mire con lupa a las personas que viven con VIH, a quienes están pasando hambre, a las personas trans, a las mujeres que están a cargo del cuidado y de trabajar. Tenemos experiencias, tenemos socios. Hacemos un llamado integral a que nos apoyen” dijo Marcela Alsina.

Por su parte el Director Regional de ONUSIDA para América Latina y el Caribe, César Núñez, dijo: “Para ONUSIDA es fundamental que se tomen acciones concretas que nos permitan acabar con las brechas, y alcanzar las metas que nos hemos propuesto como organización, pero también acompañar a los Estados a que alcancen las metas que ellos mismos se han puesto; como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible o la Declaración Política sobre el VIH y el SIDA. Ahora, vemos como las desigualdades, han quedado en mayor evidencia con esta pandemia de COVID-19.

Por eso, dar soporte a esta iniciativa es una acción en ese sentido; la desigualdad, y en especial la desigualdad de género, se agudiza en los tiempos de crisis. Las mujeres que viven con VIH deben estar en las respuestas de los países, y se deben emplear mecanismos para no seguir dejándolas atrás”.

Así mismo, ONUSIDA reconoce el papel fundamental que las comunidades han desempeñado y continúan desempeñando en la respuesta al sida a nivel local, nacional e internacional. Las comunidades contribuyen a la respuesta al sida de maneras muy distintas. Su liderazgo y la defensa que llevan a cabo permiten garantizar que la misma siga siendo relevante y fundada, que las personas sigan estando en el centro y que nadie se quede detrás.

 

https://www.facebook.com/movimientodemujerespositivas/

 

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